Después de dos años exactamente, este blog vuelve a las andadas. Los acontecimientos actuales lo ameritan. Esperemos no le vuelvan a cerrar la cuenta de Twitter a su humilde servidor [@PincheDeste].
Lo que nos preocupa (y ocupa) estos últimos días ha sido, sin duda, la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa. 43 compañeros de los cuales varios no llegaban si quiera a la edad de 20 años. Compañeros que a estas alturas ya sabemos que fueron desaparecidos por el Estado, y no por el Narco como al principio lo quisieron hacer creer. Obviamente el alcalde Abarca y su esposa están metidos hasta el cuello con el crimen organizado, pero a ver, ¿qué pinche político no lo está? Las excepciones son casi nulas.
A lo largo de este mes se han llevado a cabo varias movilizaciones que competen a este tema, siendo la del pasado 22 de octubre la de mayor convocatoria. Contingentes de varios estados, universidades, sindicatos, asociasiones independientes, simpatizantes, e individuos concientes nos sumamos a la marcha que recorrió del Ángel de la Independencia al Zócalo capitalino durante un lapso de aproximadamente 5 horas. A lo largo de este recorrido se corearon infinidad de consignas, y las hubo también, varias, escritas en pancartas. Hubo también veladoras que iluminaron el silencio generalizado a partir de que cayó la noche, un melancólico silencio que se sentía en la piel. Pero fue un silencio simbólico, no del tipo de silencios que el gobierno espera de los manifestantes. No callaremos más, menos ahora que Ayotzinapa fue la gota que derramo el gran vaso de injusticias. Esta vez ya no.
Cada vez se han ido radicalizando más las protestas y las marchas, a esto nos ha orillado el podrido sistema de corrupción que rige al país. Esos anarquistas (los de verdad) no están tan mal después de todo, la cosa es que ellos se dieron cuenta antes que los demás que la situación no iba a cambiar nunca.
Ninguna guerra (porque esto ya hace tiempo que lo es) se ha ganado pacíficamente. Es el Estado vs su propio pueblo.
A eso nos orillaron, no se mata a quien educa.
Reza el rótulo a las afueras de la Normal Raúl Isidro Burgos: "Ayotzinapa cuna de la conciencia social".